El Yagé: Tercera y última parte

Me quedé mirando al médico sorprendido por la revelación, me tomé un sorbo grande de cerveza y le dije – un muerto feliz será y el único en el mundo también- la respuesta fue inmediata – vivo o muerto, que se yo, ni se cómo estoy ahora, pero al fin y al cabo feliz y en este mundo es lo único que cuenta- me miro y continuo diciendo – pero déjeme le termino para que entienda el motivo de mi felicidad-.

En ese momento – continuó su relato el médico – era consciente de la hora de mi fallecimiento, 5 a.m. del día martes 25 de enero de 2013 – miró su reloj y lo acaricio con las yemas de sus dedos – no he podido entender porque este reloj seguía funcionando de manera perfecta y con una precisión de maquinaria suiza. El problema es que nada en mi cuerpo funcionaba. No sentía mi pulso, no sentía mi respiración, no podía mover una sola parte de mi cuerpo, yacía completamente inerte en medio de la pulpa podrida de los frutos completamente inerte. Solo mi mente y mi vista funcionaban. Mi mente comprendía lo sucedido y sabía que pronto pasaría a otro plano dimensional donde siempre creí pasan los muertos.

Solo estaba ahí en medio de la nada y el tiempo transcurría. Podía ver el reloj en mi brazo que gravitaba en medio del líquido putrefacto, ya eran las 12 del día y todo seguía igual. Mientras tanto pensaba en todo, en lo que había sido mi vida, en mis errores y aciertos, en la locura de querer estar loco en el mundo de los cuerdos. Pensaba que ya en el mundo de los vivos mi cuerpo estaría siendo llevado a la morgue para establecer las causas del fallecimiento. Sin duda el resultado de la necropsia diría: causa del fallecimiento: idiota ahogado por su propio vomito provocado por la ingesta de un brebaje que pensaba le causaría la locura momentánea. Pensaba en todo pero nada en el mundo de los muertos que me encontraba sobrevenía, solo el tiempo que lánguidamente transcurría. Créanme – nos dijo un poco angustiado – nada acaecía, era desesperante ver el tiempo pasando y veía como las horas pasaban y luego los días.

Al tercer día de estar en ese estado pensaba que ya mi cuerpo físico en el mundo de los vivos habría sido enterrado. Pensé en el dolor de mi familia, de mis padres y de mis amigos. Pensé en todos, y volvía a pensar en mi vida, que más podía hacer sino eso y mirar mi reloj. Luego de un mes exacto de estar en ese estado – miro su reloj nuevamente – y luego de haber contado los días uno a uno, el líquido comenzó a fluir de manera horizontal tomando rumbo y mi cuerpo inactivo con él. Al principio la corriente que se formaba me desplazaba lentamente, luego se iba acelerando hasta alcanzar una alta velocidad. Fui subiendo lentamente hasta salir a flote en la superficie. Me encontraba en un rio gigantesco imponente y hermoso. Mire mi reloj y la fecha era el 30 de enero de 2014, había durado un año completo en llegar a la superficie del rio que se formó por mi propia pestilencia. Sentía en mi propio ser lo que significaba la no existencia.

Fue un año completo y lo sentí día a día, mes a mes hasta llegar a la superficie. En los últimos días desvariaba de tal modo que era imposible seguir el hilo de mis pensamientos, creo que estaba loco y muerto. Extrañaba con profundo dolor a la vida, más de lo que uno pueda extrañar algo, y me arrepentía día a día con fuerte angustia no haberla disfrutado con la conciencia de la cordura y me arrepentía haber deseado la locura. La vida es lo mejor así sea llena de misterios.

Todas las cosas del paisaje tenían tonalidad. La espesa vegetación era gris, los gigantescos arboles eran grises, los animales que se asomaban a la orilla del rio eran grises. Parecía inmerso en un cuadro pintado al óleo en tonalidades grises. No había duda, estaba pasando a otro plano dimensional seguramente donde van los muertos. Ningún sentimiento cabía en mí, ni rabia ni congoja, ni agrado. Nada sentía. El rio comenzó hacerse más angosto, llevaba un mes de estar a la deriva y pude ver a los lejos que terminaba en una enorme catarata, a la que no solo se precipitaba el rio sino todo el paisaje gris. Iba sin remedio a caer allí. Así fue. Irremediablemente caí por la cascada. Vi que la caída no tenía final y mientras descendía empecé a tener visiones dantescas y terroríficas. Dure meses cayendo y cada día era una visión diferente.

Hasta que vi el final de la caída del agua y de los paisajes que se consumían en una lava de fuego ardiente que calcinaba todo lo que allí caía. Mi cuerpo iba hacia allá y faltaba lo peor. Estaba totalmente agotado mentalmente. No podía mantener con coherencia un pensamiento. La corriente vertical me arrastraba con violencia hacia el interior de la lava. El terror y el miedo se apodero de mi pues sabía que de manera irremediable desaparecería completamente calcinado y me volvería ceniza y con ella mi mente y mi capacidad de razonar en medio de la nada. Mire el reloj eran las 5 y 15 a.m. del día 30 de enero de 2105. Ya tenía dos años de estar penando y hasta acá llegaría en el mundo de los muertos y pasaría a un plano dimensional de la nada.

Sentí que me moriría de angustia. En un momento me vi en aquel sitio, muerto por segunda vez, calcinado por la lava. Sentí intensamente cuando mi cuerpo entro en la lava ardiente y como comencé a calcinarme, vi cómo me iba convirtiendo poco a poco en ceniza y con ella mi mente. Pronto Iba a desaparecer por completo. Me revolcaba de dolor y sufrimiento, pero ya nada podía hacer.

Ya en los últimos momentos de mi agonía vi como una enorme masa de agua cristalina y pura venia hacia mí. Poco a poco sentí como refrescaba mi cuerpo, era un bálsamo y la sensación de alivio y tranquilidad era indescriptible. Comencé a entender que de alguna manera estaba volviendo al mundo real de los vivos. Todavía estaba muy aturdido. Sin embargo, pensé que aquella impresión debía de ser una ilusión ocasionada por mi colapso. La idea de que podía estar en otro mundo me infundió un arrojo desmedido de valor y dolorosamente comencé a mover lentamente mi cuerpo inerte por más de dos años. Sin piedad seguí arrastrándome en el piso donde ahora yacía. Segundos después todos los padecimientos se habían encontrado atropelladamente en mi cuerpo.

Me explayé, todavía muerto, sobre el piso, y estuve allí sin pensar en nada, sin alegrarme de nada, sin entristecerme de nada, pero con un deseo incontenible de vivir. No me cabía entonces la menor duda de que era el mundo real a donde había vuelto y no era una alucinación más de otro mundo paralelo. La primera impresión que experimente fue la de un silencio absoluto. Sentí sobre mi cuerpo otro chorro de agua que me aliviaba aún más. Otra vez en posesión de mis sentidos, acostado en el piso, me puse a examinar el sitio donde me encontraba. Pude ver asombrado que estaba en el cuarto que dos años atrás había escogido para realizar el ritual del yagé. Sentí otro chorro de agua sobre mí y pude ver a uno de los ayudantes del chaman quien me lanzaba baldados de agua. No había duda había vuelto al mundo real después de dos años de estar penando en planos dimensionales distintos. Empecé a gritar lleno de felicidad “ESTOY VIVO, ESTOY VIVO”. El ayudante todavía con el balde en la mano se me quedo mirando extrañado y me dijo muy molesto por mis gritos de felicidad: “cállese y límpiese el vómito y la mierda que todavía tiene encima”. Lo mire con ojos de agradecimiento y le pregunte exaltado ¿Qué año es, que día es hoy? La respuesta fue certera “la misma fecha y la misma hora en que comenzó el ritual, solo tiene 15 minutos de estar inconsciente”.

 

YOD

Yebrail Haddad Linero

Yebrail Haddad Linero

Nativo de Ocaña. Es Abogado y Magister en Derecho de la Universidad Externado de Colombia. Se ha desempeñado como profesor universitario, asesor del Consejo Nacional Electoral, Director de Procesos Judiciales y Administrativos de la Gobernación de Cundinamarca, Personero y Alcalde de Ocaña, Director del Sistema Nacional de Bienestar Familiar y Asesor de Gobernabilidad para la Paz del Programa de Naciones Unidas.

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