La Navidad no es del niño Dios sino de Papá Noel

Ya muy pocos saben realmente que es la navidad y mucho menos quien es el niño dios, al que todos, si seguimos así, vamos a terminar confundiéndolo con Santa Claus. Apropósito de esto, me pareció excelente la reflexión que hace en su artículo el padre Hevert Lizcano en este blog. Invito no solo a que lo lean sino a que reflexionen. Vale la pena. Pero a riesgo de que el mismo padre Hebert promueva mi excomunión ante la santa sede, debo decir con toda franqueza, que el padre se quedó corto en sus apreciaciones. Coincido con él cuando dice que “envueltos en la hojarasca de las fiestas que se cargan de brillantes resplandores institucionales y comerciales, nos cuesta ser conscientes de la cuestión de fondo que subyace a la celebración navideña y al verdadero sentido de la celebración litúrgica y religiosa, como lugar de encuentro de Dios con la humanidad.“ y le agrego algo, más bien temerario, que aunque no lo dijo si lo dejo entrever en sus líneas : La Navidad de ahora es una fiesta detestable y ya no es una cuestión religiosa sino comercial. Es decir, este tema de la navidad ya no es de navidad.
Navidad es un término de origen latino que significa nacimiento y da nombre a la fiesta que se realiza con motivo de la llegada de Jesucristo a este mundo. La pregunta que me hago ahora es si realmente alguien en medio de tanta bulla, tanta pólvora, tanto embeleco comercial, tanto consumismo desproporcionado, tanta fiesta, parranda y trago, tanto sancocho, se acuerda que todo esto es para celebrar el nacimiento de Jesucristo hace ya más de dos mil años en un pesebre de muy baja estofa en Nazaret.
Toda esta parafernalia comercial ha dado para todo. Hace unos días le pregunte a un niño de nueve años, a propósito de esta época navideña, cual es el nombre del niño dios y la respuesta no se hizo esperar:: – Papa Noel -.
Esta respuesta por ingenua que parezca evidencia una tremenda confusión producto de un choque de culturas bien distintas. Por un lado nuestra larga y ancestral tradición cultural muy ligada a la religión católica, que celebran más de mil millones de cristianos y que tiene como eje central el nacimiento de Jesucristo encarnado en el niño dios, quien por tradición nuestra, y quitándole esa noble función a los reyes magos, es quien trae los regalos a todos los niños y niñas. Por otro lado la tradición anglosajona encarnado en Santa Clause y que nos lo quieren imponer a toda costa desde hace años a través una estrategia comercial abismal por todo el planeta y que no es otra cosa diferente a toda una abominable agresión cultural bien montada a cuento de la famosa globalización de la economía.
El niño Dios sin que nos demos cuenta está siendo sustituido por el Santa Claus de los ingleses, que es el mismo papa Noel de los franceses, que al mismo tiempo es el buen San Nicolás, quien se encarga de traer regalos a todo el mundo por esta época y es representado por un hombre vestido de rojo, con aspecto bonachón un poco pasado en kilos con barba abundante y con una nariz de boleganchero que lo hace inconfundible, así sea que muchas veces lo vistan de azul. El hombre nunca viene solo, llega con un trineo tirado por alces con todo y nieve para que el cuento sea creíble
Seguramente algunos de mis muy contados lectores coincidieran en este sentimiento áspero que trae consigo toda esta ola comercial llena de estereotipos negativos que impregna toda la navidad. Este sentimiento es inevitable sentirlo cuando, inmersos en esta época de fiestas, palpamos la pérdida perenne de como el buen San Nicolás sin quererlo y de manera desfigurada trascendió hasta convertirse en el protagonista de nuestra navidad y al que todos estaremos abocados a venerar en este mundo enloquecido por el consumismo capitalista.
Papa Noel que como se ha dicho es el mismo San Nicolás, al final nada tiene que ver con la navidad y no entiendo como termino en ese rol usurpador de las buenas acciones del niño dios. Si lo miran bien, papa Noel, consiente de no querer hacer lo que está haciendo, tiene un aspecto desolado, con un sombrío aspecto de viejo solitario. Ese es el amargo aspecto que todos deberíamos entender y ayudarlo para que vuelva por donde vino con todo y su trineo y nos deje a nosotros vivir la navidad como debe ser: con el niño dios en paz y amor.
Para terminar dejo como reflexión un escrito que hiciera Gabriel García Márquez sobre la noche buena: “todo eso, en torno a la fiesta más espantosa del año. Una noche infernal en que los niños no pueden dormir con la casa llena de borrachos que se equivocan de puerta buscando dónde desaguar, o persiguiendo a la esposa de otro que acaso tuvo la buena suerte de quedarse dormido en la sala. Mentira: no es una noche de paz y de amor, sino todo lo contrario. Es la ocasión solemne de la gente que no se quiere. La oportunidad providencial de salir por fin de los compromisos aplazados por indeseables: la invitación al pobre ciego que nadie invita, a la prima Isabel que se quedó viuda hace quince años, a la abuela paralítica que nadie se atreve a mostrar. Es la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones. Es la hora feliz de que los invitados se beban todo lo que sobró de la Navidad anterior: la crema de menta, el licor de chocolate, el vino de plátano. No es raro, como sucede a menudo, que la fiesta termine a tiros. Ni es raro tampoco que los niños -viendo tantas cosas atroces- terminen por creer de veras que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos.
YOD

Yebrail Haddad Linero

Yebrail Haddad Linero

Nativo de Ocaña. Es Abogado y Magister en Derecho de la Universidad Externado de Colombia. Se ha desempeñado como profesor universitario, asesor del Consejo Nacional Electoral, Director de Procesos Judiciales y Administrativos de la Gobernación de Cundinamarca, Personero y Alcalde de Ocaña, Director del Sistema Nacional de Bienestar Familiar y Asesor de Gobernabilidad para la Paz del Programa de Naciones Unidas.

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